Investigadores de Conicet La Plata descubrieron el mecanismo que explica mutaciones genéticas y enfermedades y defectos congénitos, como el labio leporino. Se trata de la primera verificación de una teoría sobre un tipo de mutaciones genéticas llamadas “sinónimas”, formulada en 2017 (también por científicos del Conicet La Plata) y cuyas evidencias hallaron en un reciente estudio sobre una malformación cerebral compleja, que acaban de publicar en la revista Brain. Del anuncio de la novedad participó Luis Diambra, investigador del Conicet y autor del trabajo anterior, junto con expertos de la Universidad de Rennes 1, Francia.
Fallo embrionario
El síndrome en el que se basaron para el estudio, con datos de más de 900 pacientes, se conoce como holoprosencefalia (HPE), una malformación cerebral congénita que resulta de una división incompleta del prosencéfalo, la parte superior del cerebro del embrión.
Cuando la separación se logra correctamente el proceso da origen a los dos hemisferios del cerebro, lo que ocurre en el segundo mes de embarazo.
Y la falla en este punto de la génesis del cráneo puede provocar, anomalías faciales de diferente gravedad que afectan los ojos, la nariz y el labio superior.
Alteraciones
Una de las consecuencias más frecuentes es el labio leporino, que se corrige mediante cirugía en los recién nacidos; formas leves o moderadas pueden ser la presencia de un diente incisivo único central, obstrucción nasal, displasia o desviación de retina, hendidura del paladar o disminución de la distancia entre los ojos.
Los casos más graves de este trastorno, como la ciclopía (la formación de una sola órbita ocular) o la proboscis (protuberancia tubular asociada al fallo en el desarrollo de la nariz) suelen ser fatales, y muchas veces dan lugar a abortos espontáneos en humanos.
El hallazgo
Si bien las mutaciones genéticas asociadas a las formas más graves de esta malformación ya se conocían, el último estudio logró identificar ocho nuevas alteraciones en el ADN, concretamente, en un gen llamado SHH, todas ellas vinculadas a los casos leves de HPE.
“Lo interesante es que estas mutaciones son de tipo sinónimas, o también llamadas silenciosas, precisamente porque al no cambiar la secuencia de proteínas, podría esperarse que no provocaran grandes consecuencias. Sin embargo, ahora queda claro que sí lo hacen”, relató Diambra.
Para ayudar a comprender el concepto, los científicos describieron lo que ocurre diciendo que se trata de un “conjunto de procesos encadenados”.
“Si por una mutación genética se alterara la velocidad de lectura del ribosoma, y lo hiciera rápido cuando tiene que ser lento o viceversa, la proteína podría plegarse mal, y en ese caso tendría dos alternativas: ser degradada por la maquinaria celular o arrastrar una disfunción. Ambas situaciones predisponen al organismo a desarrollar alguna patología”, explica el texto de la publicación.
En el caso puntual de la HPE, los investigadores demostraron en este último trabajo que las mutaciones encontradas están asociadas “a una disminución en la cantidad de proteína SHH, es decir la primera de las opciones mencionadas”.